¿Es la economía una ciencia?

Francisco Parra Rodriguez

04/03/2016

No me considero versado en filosofía, pero tampoco soy ignorante, he leído con detenimiento algunas de las referencias básicas de su historia, y para comprender mejor las diferentes escuelas me he auxiliado de monografías que explicaban de forma amena y sencilla el contenido y alcance de su pensamiento. Armado pues de este bagaje intentaré reflexionar sobre la economía en cuanto a ciencia racional o código moral, reconociendo que este debate no es nuevo y que probablemente mis reflexiones tengan poco que aportar.

 

Con el propósito de aclarar mis ideas, inicié una búsqueda en google con las palabras economía y ciencia, y encontré que el documento más referenciado es el texto de Milton Friedman que lleva por título “la metodología de la economía positiva”, como en la facultad no nos iniciaron en la lectura de los aspectos metodológicos de la materia para la que nos formaban, desconocía completamente dicho ensayo, y lo leí con el mismo interés con que había leído las obras básicas del pensamiento filosófico. Recuerdo que en los primeros cursos aprendimos que la economía es la ciencia que se encarga del estudio de la satisfacción de las necesidades humanas mediante bienes que, siendo escasos, tienen usos alternativos entre los cuales hay que optar, definición que se debe a Lionel Robbins. No era extraño que se introdujera lo de ciencia en aquella definición, dado que la economía marxista en las antípodas de los subjetivistas o marginalistas, tampoco dudaban de su carácter científico: La economía política es la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción, la distribución, la circulación y el consumo de los bienes materiales que satisfacen necesidades humanas apuntaba Engels, o la ciencia que estudia las relaciones sociales de producción como la definió en propio Karl Marx. Definiciones a parte, me admiró el propósito de Milton Friedman de abordar el carácter científico de la economía en el contexto de la metodología racionalista, es decir, decidir si una hipótesis o una teoría deberían aceptarse como parte de un “conocimiento sistematizado concerniente a lo que es”, cuestión esta que se formula en las primeras líneas del texto. Los racionalistas dan valor científico a los juicios sintéticos (unión de elementos para formar un todo) que entran dentro de los límites de la experiencia. El conocimiento puramente analítico, en el sentido de que no añade conocimiento nuevo a lo que ya estaba en las partes o elementos constitutivos, no se incluye en la categoría del conocimiento científico. Tal y como es descrita por Hume, la ciencia es un conjunto de conjunto de creencias probables, útiles y convincentes, nada de hipótesis a verificar. Una ciencia no de los objetos sino de las representaciones que el hombre se hace de estos, de los entes sensibles (phaenomena), ya que los objetos pensados solo por el entendimiento, las cosas en si o los entes inteligibles (nuomena), como muestra Kant son incognoscibles. El conocimiento que está fuera de los límites de la experiencia, se considera metafísico y entra dentro del campo de lo ético o moral.

La ciencia económica atesora una gran cantidad de conocimiento analítico acerca de las empresas, los consumidores, las organizaciones gubernamentales, etc…, en cierto sentido la macromagnitud económica con mayor transcendencia de la economía: el PIB no deja de ser un conocimiento analítico, en donde  los bienes y servicios producidos en un área son obtenidos por la observación de sus partes, los bienes y servicios consumidos por las empresas y los hogares, los ofrecidos a titulo gratuito, los incorporados al proceso productivo, los vendidos a otras áreas, etc…. .El razonamiento establecido en el campo de las decisiones que toman los actores de la economía, sean empresas, particulares o gobiernos, que conduce a producir determinados efectos en la producción nacional cuando se ve refrendado por la realidad de los datos, daría lugar al método apriorístico del conocimiento económico racional que otorga carácter científico al modelo o a la teoría económica construida, y dado que en la economía muchas ideas, el control de los precios y de los salarios, la eliminación de controles administrativos en los mercados, el aumento del gasto público, se fundamentan en los efectos que estás tienen sobre la producción o el nivel de bienestar de la población, se hace necesario reflexionar sobre el método en que tales ideas han pasado a formar parte del acervo científico racional, ya que de lo contrario habría que considerarlos postulados morales construidos desde un ideal de sociedad. De ahí la necesidad que siente Friedman de abordar la cuestión metodológica.

 

La cuestión metodológica Friedman la enuncia en el apartado que dedica a la economía normativa y la economía positiva. La economía positiva independiente de cualquier posición ética particular o juicio normativo acaba siendo el objeto de su disertación. En palabras de Keynes se trata de la economía de lo que es” y no de la economía “de lo que debe ser”. Su objeto – prosigue – es proporcionar un sistema de generalizaciones que pueda usarse para hacer predicciones correctas sobre las consecuencias de cualquier cambio en las circunstancias. Su función debe ser confirmada con la precisión, fin y conformidad de la experiencia de las predicciones realizadas. Del propósito de su diserto da cuenta la frase siguiente: En una palabra, la economía positiva es o puede ser una ciencia objetiva, precisamente en el mismo sentido que las ciencias físicas.

 

Una parte de su exposición está dedicada a la formulación de las teorías o hipótesis con métodos sistemáticos y organizados de razonamiento. La oferta y la demanda, que son consideradas como las dos categorías principales en las que clasifican los factores que afectan a los precios relativos de los productos, las considera ejemplos ilustrativos de tal elaboración metódica, y con gran honestidad intelectual reconoce que ambos conceptos de oferta y demanda no tienen ninguna contrapartida empírica clara. Es decir, no existen en la realidad de las cifras que registran las cuentas de las empresas o las encuestas sobre el comportamiento económico de los hogares, como ocurre con los conceptos de producción, precios, costes o cantidades consumidas. La utilidad, las expectativas racionales serían otros conceptos que tampoco tienen referente empírico, en el sentido de que la métrica económica aún no ha encontrado la forma de cuantificarlos.  Dadas estás dificultades en la medición del hecho económico, Friedman, lleva el debate al método seguido en la construcción de la hipótesis que se prueba: la evidencia de hecho nunca puede probar una hipótesis, únicamente puede evitar que sea desaprobada, e introduce un elemento un tanto confuso: las “predicciones” por las que la validez de una hipótesis se prueba no necesitan ser sobre fenómenos que no han ocurrido todavía, es decir, no necesitan ser confirmadas por los acontecimientos futuros; pueden ser sobre fenómenos que ya han ocurrido, de manera que su falta de conformidad con la evidencia cuando esta se registra en los datos, bien puede deberse a observaciones que no habían sido realizadas o eran desconocidas por la persona que realizó la predicción. Y en lo relativo a las hipótesis a contrastar, apunta que la validez de una hipótesis no es por si mismo un criterio para elegir entre hipótesis alternativas, “porque aún cuando una hipótesis concuerde con la evidencia utilizable existen siempre un número infinito de ellas”, asumiendo que en ciencias sociales a diferencia de las ciencias físicas no se pueden aislar las experiencias entorpecedoras más importantes, es decir los efectos de las hipótesis alternativas, de cara a juzgar la validez de la hipótesis que se prueba. Si bien, la imposibilidad de acometer experimentos controlados tampoco es limitación al carácter científico de prueba por la experiencia en la ciencia económica, por la simple razón de la imposibilidad del experimento controlado en su sentido puro, cualquier experimento viene a ser parcialmente controlado y aquí se entra en una cuestión de grados. De esta manera la evidencia que se consigue experimentando con datos pasados acaba siendo tan concluyente como la del experimento controlado, aunque a diferencia de esta otra, al ser más compleja acaba siendo más difícil de interpretar. En definitiva, por su naturaleza el contraste de hipótesis en economía acaba siendo una labor lenta y compleja, que solo puede ser acometida con éxito por aquellos que disponen de: un lenguaje especializado, un “sistema ordenador analítico”, la lógica formal, las matemáticas y todo lo necesario para “contrastar la corrección del razonamiento, descubrir las deducciones de las hipótesis y determinar si hipótesis que se suponían diferentes lo son o no y donde reside su diferencia”. Milton Friedman, ilustra su razonamiento con la relación entre aumentos de los precios y cantidad de dinero, en donde la experiencia proporciona una evidencia “que es casi tan dramática y convincente como cualquier otra que pueda proporcionar los experimentos controlados”, sin embargo, la presencia de otras circunstancias, hacen que cada experiencia nueva de inflación suscite nuevas contiendas sobre el papel jugado por la cantidad de dinero en el proceso. Y es con estos argumentos como desvía el debate metodológico desde el resultado de la prueba y la realización del experimento a la formulación de la hipótesis, o si se prefiere la construcción racional del modelo. Construir una teoría económica científica solo requiere de economistas teóricos.

 

En el campo de la ciencia física obtener una prueba, requiere de una laboriosa preparación de la misma que llega incluso a diseñar maquinaria e instrumental para tal fin, una vez contrastada su existencia, esta no se discute hasta que la validez experimentada de una nueva teoría ponga fin a la teoría anterior. En economía no se procede así, se construye una teoría, pongamos por caso la teoría cuantitativa sobre las relaciones entre la cantidad de dinero y los precios a que se refiere M. Friedman, se formula la hipótesis de que la cantidad de dinero eleva el índice general de precios, se recopilan hechos en la experiencia histórica, y se contrasta la validez de hipótesis de que la cantidad de dinero influye en la inflación considerando aquellas hipótesis alternativas que determinan en que circunstancias precios y cantidades de dinero divergen en su trayectoria esperada, siempre y cuando entren dentro del proceso lógico de la construcción de la teoría. La teoría, considerada ahora científica, da lugar a un sistema normativo de control de precios, y cuando se entra en un nuevo episodio de crisis real o financiera no previsto, lejos de cuestionarse el modelo que fundamento dicha norma de funcionamiento, lo que se entra es en una discusión teórica sobre si en el proceso de formulación de la teoría se obvió la hipótesis alternativa de, por ejemplo, la formación de burbujas de activos y sus efectos. Se analiza el hecho bajo el mismo prisma de racionalidad económica, y se incorporan los resultados del análisis al cuerpo general de la teoría, se cambia la norma de comportamiento para aislar los efectos entorpecedores de tales conductas. La forma de recuperar la senda de crecimiento económico en las condiciones actuales bebe de la misma lógica, la idea de que un recorte de los salarios y del déficit publico estimula la economía, es teoría científica contrastada en la experiencia pasada y con validez para cualquier área, la receta se viene aplicando, aún y cuando sus resultados no sean los deseados, y el aumento de la desigualdad que conlleva rompa el equilibrio que cohesiona el sistema social.

 

Milton Friedman considera un error pensar que la teoría económica también posee supuestos y que su realismo ha de ser considerado independiente de la validez de las predicciones. Admite que una hipótesis mientras que abstrae los elementos comunes y cruciales de la masa de circunstancias complejas y detalladas que rodean al fenómeno que va ha explicarse y permite unas predicciones válidas, pueda poseer supuestos descriptivamente falsos, en el sentido de que a los supuestos lo que se le exige es que sean aproximaciones relativamente buenas para resolver el problema de que se trate, e ilustra sus opiniones de la falta de realidad de las suposiciones precisamente con las de la teoría neoclásica de la competencia perfecta (o el monopolio perfecto), cuyos supuestos de multitud de oferentes y demandantes sin capacidad de influencia alguna en la determinación de los precios, no se observan en mercado alguno. También la incierta adecuación de las decisiones empresariales a las curvas de coste e ingreso marginal, aspecto este clave en la teoría marginalista puede ser soslayado, si se admite tal grado de libertad en los supuestos sobre los que se fundamenta una teoría, lo importante es, que una vez construida la teoría, la evidencia empírica que obtenemos al observar las conclusiones de la teoría sobre el pasado le de categoría científica. Y así en materia de asignación de recursos se hace regla científica de que, sin barreras, el mercado realiza la asignación más eficaz de los recursos remunerando a todos los factores productivos en base a su productividad. A la postre el mercado cohesionara dicha sociedad garantizando a los agentes el pleno empleo y una retribución adecuada a su participación en la producto nacional, aún y cuando ello pase por la deslocalización de recursos de capital y humanos a los centros que focalizan el crecimiento económico,  la economía hoy día es global y los equilibrios se restituyen a esa escala.

 

Admitida entonces que una teoría económica, aun conteniendo supuestos irreales, es científica por el proceso metodológico en que ha sido construida, que la evidencia empírica ha de tenerse presente en tal proceso verificando sus conclusiones sobre hechos pasado, y que recibirá tal consideración haya o no mostrado su eficacia en la deducción de acontecimientos que están por ocurrir, ya que la no conformidad con tales acontecimientos, no obliga a su descalificación, sino a su replanteamiento acomodándola a la nueva situación sobre la base de incluir nuevas hipótesis alternativas. El ensayo de M. Friedman, aún centrando el debate de la cuestión acerca del carácter científico de la economía al discurso científico racionalista, lo que hace es ofrecer un amplio grado de libertad a la elaboración de las teorías económicas para saltarse garantías en el proceso de validación de pruebas en base a las dificultades que presenta el observar en toda su dimensión el fenómeno económico. Y esta amplia libertad científica ha constreñido la ciencia económica a un pequeño conjunto de teorías que se van continuamente reescribiendo, en vez de sepultarse de manera definitiva dando lugar a horizontes nuevos,  y con ello las grandes teorías, gozan de una gran estabilidad, y casi todo los planteamientos, neo-marginalistas, neo-monetaristas, neo-keynesianos, de síntesis keynesiano-marginalistas, o incluso neo-marxistas no son otra cosa que reformulaciones de las teorías seminales, siendo muy pocos los postulados que consideren otra manera de pensar en economía, partiendo, por poner un ejemplo, de puntos de partida en la decisión sobre la elección entre recursos alternativos no sea la racionalidad, como puede ser la búsqueda de protección o el trabajar con red como señala David Anisi. Una teoría basada en principios no racionalista no es construir un contraste alternativo, sino toda una teoría alternativa a contrastar. Pero aún y todo, procediendo con la misma metodología de formular y probar hipótesis en base a lo que sucedió en el pasado, habría que dilucidar si los resultados obtenidos constituyen un conocimiento científico.

 

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