Ciencia y mercado

Francisco Parra Rodríguez

En Santander el día de la constitución amaneció luminoso tras una semana de perros, de manera que aproveche para pasear por la playa de Liencres ,  a buen paso, recorrí unos cuatro mil metros de ida y vuelta, que calculo es la distancia que ha de haber al caminar de parte a parte la playa que da a las dunas y la playa que da a los acantilados que permanecen unidas mientras dura la marea baja, más o menos una hora de paseo. Fue un momento esplendoroso, el sol, el mar, la naturaleza, realmente Liencres es un paraíso natural, que además invita a la reflexión serena.

Ir a la playa en invierno es sin duda mucho más grato que hacerlo en verano, como lo es pasear vestido de diario, con botas y pantalones de pana , que con chanclas y bañador, no es solo un problema de aglomeración, Liencres es una playa muy larga y en donde los bañistas suelen concentrarse en los doscientos metros que siguen a la entrada a la playa que da a las dunas, de forma que una vez se recorre dicha distancia en verano el paseo es relativamente tranquilo, de hecho en los días festivos invernales  acaba uno encontrándose tantos paseantes recorriendo de arriba a abajo la playa como uno los encuentra en verano, pero eso sí todos ellos vestidos y muchos de ellos acompañados con el perro. Lo que hace diferente el paseo invernal es el contraste, el  salir del letargo invernal y sobre todo el recibir la luz del sol tan cara en los meses del invierno montañés, quizás estas sensaciones se acrecienten en las personas de la meseta hechas al frío y duro invierno, pero también al sol matinal.

En ese momento tan luminoso del día realmente me sentí afortunado, y eso que desde hace ya varios años no tengo ocasión de disfrutar del puente de la constitución del modo en que lo disfrutan el resto de los españoles, viajando, visitando a la familia, y a pesar de los inconvenientes que regularmente ponen los controladores aéreos y otros trabajadores del gremio del transporte de pasajeros. La verdad es que estoy anclado aquí en Cantabria en invierno y verano por el simple hecho de que mi mujer regenta un comercio, y ya se sabe el pequeño comercio no conoce ni de horarios ni de vacaciones. Pero lo cierto es que el paseo matinal por la playa de Liencres, al igual que recorrer cualquiera de los senderos que serpentean por los valles de Cabuérniga, del Miera, del Pas, hace olvidar los inconvenientes que conlleva la actividad comercial ejercida a pequeña escala. Al fin y al cabo, circunstancias de la vida me han hecho una persona muy poco viajada, sobre todo para lo que se estila en estos tiempos, pero no por ello me siento insatisfecho. La compensación ha sido, amén de darles mi tiempo a mi mujer e hijos, el haber realizado innumerables viajes interiores al calor de la luz matinal de los días de paseo por las playas de Cantabria, a la sombra de los senderos recorridos  los domingos de asueto,  ó en las tardes hogareñas cuando el invierno cántabro se hace oscuro y cavernoso. Estos viajes interiores han recorrido lugares hoy día tan remotos como la filosofía, la ciencia, la matemática, y por supuesto la estadística y la economía, en vez de guías turísticas y recuerdos mi mochila ha acabado por lo general llena de libros e “ideas”.

A pesar de que vistas desde fuera, mis circunstancias, pudieran parecer un tanto limitadas, ya que a diferencia de mis colegas apenas balbuceo el inglés y únicamente me muevo en el estrecho ámbito que permite mi trabajo de funcionario de la estadística pública, llegue aquella mañana  a la conclusión de que tanto en el plano personal e intelectual, me siento un hombre afortunado, y les explicaré a ustedes el porqué.

Leer filosofía me ha enseñado que existen un saber universal, un stock de conocimiento, al que innumerables personas han contribuido de una manera más o menos intensa, y en el que los más privilegiados, los genios han hecho las mejores y más relevantes contribuciones, pero no cabe duda de que otros muchos han hecho muy pequeños añadidos a ese stock, y con este propósito en paseos matinales y tardes hogareñas, he ideado un mundo estadístico y económico, que de seguro serán menos que pequeñas aportaciones a ese conjunto de saber universal,  ya que, en fin, no son otra cosa que simple ciencia de “blog”. ¿Por qué lo hago?, no lo sé, no creo que vaya a ganar algún dinero con ello, ni me han de servir para reconocimiento profesional alguno, pero algún viaje interior me hizo ver que una de las razones de existir sea la de contribuir con algo, por insignificante que sea, a ese stock de conocimiento, ya que seguramente algún genio en algún momento indeterminado del tiempo, en nombre de todos, habrá de dar lugar a una respuesta satisfactoria a las preguntas trascendentes que nos hacemos sobre el universo, nuestra naturaleza, y porque no la de la existencia de Dios. El haberlo realizado y poderlo difundir  es desde luego una compensación más que suficiente para mi alma humana y científica.

No sé si estás ideas estuvieron en la cabeza de filósofos y científicos cuando iniciaron sus investigaciones y trabajos, pero los libros que he guardado en mi mochila no me han descubierto a Mendel cruzando guisantes , a Newton observando el movimiento, o a Descartes alumbrando  el método científico con otra intención que fuera más allá de la propia del conocimiento, es decir, el desentrañar el enmarañado medio que nos rodea, ya fuera este real o idealizado. A lo largo del paseo me pregunte si en realidad lo que perseguía el agustino fuera obtener guisantes más mantecosos para después comercializarlos en el mercado y con ello enriquecer a la orden, pudiera ser, pero lo dudo, no creo que almas tan brillantes abriguen propósitos tan materiales, el caso es que inmediatamente pensé en lo que nos proponen hoy día nuestras élites vincular ciencia a el mercado, de manera repetida y machacona: la educación, la ciencia, al servicio de la economía y de la empresa; la luz cegadora debió nublarme la mente porque mi siguiente idea me llevo a pensar de que si este propósito se logra habremos trocado ese stock de conocimiento científico que tantos siglos ha llevado construir por miles de inútiles cachivaches que acabaran encerrados a medio uso en nuestros armarios.  En fin las ideas que a uno se le ocurren al pasear plácidamente por las playas cántabras.

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3 respuestas a Ciencia y mercado

  1. JOSE LUIS COOLLANTES dijo:

    Buenos días, Paco.
    ¡ Cómo me alegro de leer lo que acabo de leer! Realmente es algo fresco y alejado de la marabunta cotidiana, con poso.
    Unas reflexiones que comparto y aplaudo.
    Sigue por ahí.
    Un fuerte abrazo.

  2. JOSE LUIS COLLANTES dijo:

    Hola Paco. Esta mañana te escribí un comentario y ahora no me aparece reflejado aquí, por lo que me temo que no lo hice bien. Así que vuelvo a escribirte.
    Te felicito por tu texto, me parece una reflexión fresca y alejada de la marabunta de noticias a las que se nos ha acostumbrado últimamente.
    Lo comparto y te aplaudo. Sigue por este camino, creo que es el bueno.
    Un fuerte abrazo

    • econometria dijo:

      Chelis, hasta que no los veo y los apruebo no se activan en el blog, de todos modos gracias por tus comentarios, y si te animas a escribir algo, mandame un word y lo publico.

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